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Patricia Ramírez
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Personas somos e interactuando andamos

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“El arte del pie capaz de hacer reír o llorar a la pelota habla un lenguaje común a los países más diversos y a las más diversas culturas”, Eduardo Galeano.

Patricia Ramírez, June 12, 2026June 12, 2026

Los que me conocen saben que no entiendo de futbol. Con trabajos distingo un fuera de lugar y una falta en el área. Si le voy a las Chivas del Guadalajara es por decreto maternal, y si reconozco a algunos futbolistas es por mera cultura general.

Si me conocieron en la adolescencia y juventud temprana, me recordarán repitiendo frases ajenas que describían al futbol como “herramienta de distracción masiva para adormecer la conciencia social” o sosteniendo ideas como aquella de que “el futbol castra a las masas” y “atrofia las conciencias”.

De hecho, era un “gusto culposo” disfrutar de los partidos de la Selección Mexicana, y lo disfrazaba forzadamente de “leve nacionalismo”, de una “necesidad de codearme con la masa” o, de plano, para no entrar en debates, le echaba la culpa a mi padre, reportero de deportes en un periódico nacional.

En esas andanzas me fui enterando de que la idea que, parafraseando a Marx, se usa para definir al futbol como “el opio de los pueblos”, y que es atribuida a Eduardo Galeano, surgió más como una pregunta que como una afirmación.

El texto de sólo 6 párrafos de extensión, lleva por título “¿El opio de los pueblos?”, así, con signos de interrogación,  y representa más bien una oda al futbol, que, si bien destaca el papel que tuvo este deporte como “maniobra imperialista”, también lo expone como “un reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”.

Durante mucho tiempo me sentí conflictuada por disfrutar de los partidos de la Selección Mexicana, pero poco a poco el conflicto se disolvió, y fue precisamente Galeano uno de los personajes que me ayudó a entender por qué ver jugar a mi selección puede emocionarme tanto.

El autor uruguayo escribió mucho sobre este deporte, pero me centraré en su discurso de abril de 1997 durante la apertura del Congreso de Deportes “Play the Game” en Copenhague, donde describe muy emotivamente mi propio sentir.

A continuación, comparto algunas de sus ideas:

“Quiérase o no, créase o no, el fútbol sigue siendo una de las más importantes expresiones de identidad cultural colectiva, de esas que en plena era de la globalización obligatoria nos recuerda que lo mejor del mundo está en la cantidad de mundos que este mundo contiene”.


“(En el fútbol) lo imprevisto ocurre a pesar de la desigualdad de oportunidades que trágicamente caracteriza a este injusto fin de siglo, y que de antemano coloca en desventaja a los jugadores desnutridos y a los países oprimidos”.


“La cancha constituye un espacio de expresión de destreza y en ocasión de belleza, un centro de encuentro y comunicación y uno de los pocos lugares donde los invisibles pueden todavía hacerse visibles, aunque sea por un rato, en tiempos donde esa hazaña resulta cada vez menos probable para los hombres pobres y los países débiles”.


“Dentro de algunos jugadores, juega un gentío. Algunos jugadores contienen inmensas multitudes cuya dicha o desdicha depende de sus piernas. Y cuando los discriminados, los despreciados, los condenados al fracaso eterno se reconocen en el éxito de un héroe solitario, en sus triunfos late, de alguna manera, la esperanza colectiva. Aunque él no lo quiera, aunque él no lo sepa, sus hazañas cobran valor simbólico y en ellas resplandece, como si estuviera invicta, la pisoteada dignidad de muchos”.


“El fútbol ocupa un lugar importante en la realidad, a veces el más importante de los lugares, aunque lo ignoren los ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente. Para los intelectuales de derecha, el fútbol suele no ser más que la prueba de que el pueblo piensa con los pies; y para los de izquierda suele no ser más que el culpable de que el pueblo no piense.

“Pero a la realidad de carne y hueso, este desprecio ni le va ni le viene. Cuando arraigan en la gente, las emociones colectivas se hacen fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas”.


Podría seguir citando a Galeano, sin duda uno de mis escritores de cabecera, pero mejor les invito a leer su libro “El futbol y la sombra” lleno de textos futboleros que invitan a creer en los colores del “arcoíris humano” y que apuestan por que la fortaleza humana supere “el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados”.

(Ilustración de Ricardo Pelaez)

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